(Continuación)
Capítulo
segundo
El
Camino de la Soledad
En el siglo
II de la Era Cristiana,
vivió en Siria un anacoreta llamado Filoxenos. Predicaba que para encontrar la
propia identidad era necesario estar solo.
¿Alguien ha
pensado alguna vez que solamente la soledad hace que nos experimentemos a
nosotros mismos como individuos? ¿Hemos tomado conciencia de que vivimos
encerrados en un vientre social, en
una matriz colectiva? ¿Y alguien ha
comprobado que en ese claustro no tenemos identidad, sino tan sólo vida
indiferenciada? ¿Y no es acaso, porque hemos hecho de esa matriz colectiva
nuestra verdadera identidad, por lo que caemos en el engaño colectivo y le
pedimos que nos proteja? ¿Alguien se ha dado cuenta de que esa protección que
exigimos a la matriz social se debe, en última instancia, al temor de sentirnos
solos, al temor a la soledad?
Para
curarnos del miedo, la matriz social se arroga el poder ‑ un poder que nosotros
le damos ‑, de procurarnos satisfacción. Y para conseguir ese objetivo, aumenta
nuestra necesidades. Pero, ¿habéis observado como a más necesidades del hombre,
más poder y control para la matriz colectiva, no importa que ideología controle
a la matriz?
Y es por el
control de este poder, por lo que el hombre lucha. ¿Cómo funciona esto? Podríamos
preguntarnos. En una forma muy sencilla: la sociedad ‑ la matriz colectiva ‑, que se ha arrogado el poder de salvarnos del
miedo, trata de configurarnos y conformarnos según su idea de felicidad. Y lo
hace ofreciéndonos una imagen irresistible de nosotros mismos. Incluso nos
ofrece la imagen de que somos libres. A la vez que nos presenta esas imágenes
fantásticas de nosotros mismos, procura, divirtiéndonos, en eso que se ha dado
en llamar cultura del ocio, que lo
pasemos tan bien y de un modo tan perfectamente creíble, que no quede en
nosotros el menor asomo de duda consciente. Y en teoría, esto es tan
convincente, que uno puede no darse cuenta de que algo puede ser de otra
manera. Es así que entramos, desde que nacemos, en un ciclo cuyo final es la
desesperación.
(...)